miércoles, 18 de septiembre de 2013

Dalí, Disney, Facebook y YouTube

Facebook es una especie de organismo vivo que puede despertar recelo en quien no lo conoce y que, de hecho, en ocasiones te atrapa y te devora, pero también es una interesante forma de establecer y mantener contactos tanto profesionales como personales y, lo mejor de todo, una fuente inagotable de hallazgos y redescubrimientos. Hoy, por ejemplo, gracias a esa red social he sabido que en YouTube (otro gran escaparate donde se puede encontrar desde lo más zafio a lo más memorable) es posible disfrutar del cortometraje “Destino”, fruto de una afortunadísima colaboración entre dos monstruos de la creatividad, Dalí y Walt Disney. Esta pequeña joya del cine se pergeñó completa en 1946 pero, por razones fundamentalmente económicas, no fue realizada efectivamente hasta 2003. Una obra maestra que para mí era absolutamente desconocida hasta que este verano fui a ver la gran exposición dedicada al genio de Figueras por el Museo Reina Sofía.

"Destino" un cortometraje resultado de la unión de Walt Disney y Salvador Dalí


En aquella ocasión lamenté que la única manera de ver la película fuera de pie, con la incomodidad añadida de los visitantes pasando por delante del proyector y tras hacer cola para poder usar uno de los dos únicos auriculares disponibles para poder escuchar la banda sonora que es, creo yo, algo fundamental en cualquier película de Disney, y esta no es una excepción. Recuerdo haber comentado con mi marido que era una lástima que Disney no se hubiera atrevido a distribuir comercialmente este maravilloso corto, y que me gustaría mucho poder disfrutarlo en condiciones más cómodas. Vamos, en otras palabras, que si estuviera en DVD yo lo compraría y sé que lo vería una y otra vez, porque tiene una especie de magia hipnótica que hace que no me canse de verlo. Hoy, como decía al principio, gracias al comentario de una amiga de una amiga en una publicación de esta última en Facebook, he podido disfrutar nuevamente de “Destino”, tal y como quería. Después, saltando de enlace en enlace, gracias a la Wikipedia (¿qué decir de esta enciclopedia global de verdades y mentiras?), acabo de saber que “Destino está actualmente disponible como añadido especial en las películas Fantasía y Fantasía 2000 Edición Especial Blu-ray+DVD lanzado el 30 de noviembre de 2010”. Como tengo las dos “fantasías” en DVD corriente, todavía no tengo un reproductor de Blu-ray y esas ediciones especiales suelen costar un riñón o dos, de momento, me contento con la versión disponible on-line y doy gracias por haberla descubierto.

Y, dicho todo esto, aprovecho para hacer aquí una crítica a la exposición sobre Dalí del MNCARS. He de decir, antes de nada, que me gustó tanto la muestra que fui dos veces y hubiera ido muchas más si la distancia y otras obligaciones no hubieran sido un obstáculo.


Al haber visitado el Museo Dalí de Figueras y haber estado en su casa de Port Lligat ya conocía muchas de las obras expuestas, aunque evidentemente en una gran retrospectiva de ese tipo siempre se encuentran algunas sorpresas maravillosas. Pero, para mí, lo más interesante era precisamente la gran cantidad de material audiovisual reunido en la muestra: publicidad para televisión; fragmentos de conferencias y apariciones públicas; noticias del NO-DO sobre el artista; happenings, acciones y performances; el largometraje “Un perro andaluz” de Buñuel; un fragmento de “Recuerda” de Hitchcock con decorados de Dalí y lo que, en mi modesta opinión, eran las dos joyas de todas las proyecciones: el documental “Autoportrait mou de Salvador Dalí” (“Autorretrato blando de Salvador Dalí”) de Jean-Christophe Averty, rodado en 1966, y el cortometraje “Destino” del que acabo de hablar. 

Dediqué una de mis dos visitas exclusivamente a ver de principio a fin todas esas filmaciones, tras lo cual acabé agotada y con todos mis huesos vapuleados. Y precisamente con esto último tiene que ver mi crítica y reproche al museo madrileño, ya que se refiere a las malas condiciones en las que se proyectaron las películas y la tortura que suponía verlas. Y es que, para poder disfrutar de los audiovisuales yo, como cualquier otro visitante que quisiera hacer lo mismo, tuve que tirarme por los suelos, sufrir la interferencia de las personas que pasaban entre el proyector y la pared (la mayoría de las películas se proyectaban directamente en los muros del museo, entre los cuadros), en algunos casos me vi obligada a esperar turno para escuchar el audio en los auriculares disponibles y, lo que es peor, no me quedó más remedio que ver los 70 minutos del documental de Jean-Christophe Averty (versión original subtitulada en castellano) a ratos de pie, a ratos tirada por los suelos y (en los momentos de más fortuna) mortificada en algún rincón de los tres o cuatro bancos (¿o debería decir potros de tortura?) disponibles para la proyección.

Vale que las piezas más cortas eran como pequeñas mirilla a través de las cuales el Dalí más excéntrico se presentaba ante los visitantes como la mejor de sus obras de arte: él mismo. Pero para poder ver “Un perro andaluz”, “Destino” y, sobre todo, “Autoportrait mou de Salvador Dalí” hubiera sido muchísimo mejor establecer horarios regulares de proyección en alguno de los salones de actos del museo (que para eso tiene al menos dos). Así el público podría haberse organizado mejor y habría disfrutado cómodamente de las películas.


Por supuesto, ya sé que como traca final de la exposición el Reina Sofía organizó dos días de proyecciones donde se pudieron ver de esta forma todos los vídeos, pero, ¡por el amor de dios! ¡fueron sólo dos días!, dos días muy concretos (no todos podíamos permitirnos ir al museo esos días), en un formato maratón y con aforo lógicamente limitado. Demasiado poco en comparación con los millones de visitantes que pasaron por la exposición y a los cuales se les negó, de algún modo, la posibilidad de gozar al completo de una muestra que, por lo demás, repito, era digna de todo elogio.
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