miércoles, 4 de junio de 2014

Consagración de agua y arena en la cascada de los dioses (Islandia)

¡Ya estoy de vuelta! Después de diez días increíbles dando la vuelta a Islandia de Este a Oeste, regreso a casa para hacer algo así como un "stop-and-go" antes de embarcarme en un nuevo viaje artístico, esta vez por las tierras de la Alcarria . Y, desde luego, sólo puedo definir mi llegada a casa tras esta magnífica experiencia como "triunfal", porque aquí me esperaban libro nuevo, sesión de cuentacuentos y firma en la Feria del Libro de Madrid y una gran fiesta para celebrar el éxito de unas visitas turísticas teatralizadas a la plaza de toros de Las Ventas que protagonizo (de las que tengo pendiente hablaros en próximas entradas, porque tienen mucho que contar). Por eso, entre tanta actividad frenética, apenas he tenido tiempo de deshacer la maleta y no he podido hacer la crónica del viaje que me habría gustado para compartirla en este Vals de los Elefantes. Pero no quería agarrar otra vez el morral y echar a andar por los caminos de Guadalajara sin dejar constancia aquí, al menos, de la performance que realicé en esa tierra de agua y volcanes ("hielolandia", como la llamaron en español unas islandesas en un divertido momento del viaje). Fue una acción artística breve, sencilla y cargada de simbolismo, en una de las impresionantes cataratas del país.



Goðafoss (o "gothafoss", que en islandés significa cascada de los dioses o cascada de los goði o "goth") es una de las caídas de agua más espectaculares de Islandia (aunque ni mucho menos la única ni la de mayor caudal). Se encuentra localizada en el distrito de Mývatn en el centro-norte del país, en el inicio de la carretera de las tierras altas de Sprengisandur. Las aguas del río Skjálfandafljót caen desde una altura de doce metros y a lo largo de un ancho de treinta metros.

Cuenta la historia que cuando en el 999 d.C. el legislador Þorgeir Ljósvetningagoði declaró oficialmente la cristianización de Islandia (por medio de un proceso democrático a través del Alþingi o "Althing", uno de los primeros parlamentos de la historia), se ordenó lanzar todos los iconos y dioses paganos a esta cascada que por eso, desde entonces, recibe el nombre con el que hoy se la conoce.

En ese portentoso escenario, convertida metafóricamente en un eider (ánade típica de esas tierras), en representación de los cientos de especies de pájaros que habitan Islandia y estos, a su vez, como símbolo de los dioses paganos que volaron cascada abajo, realicé el pasado 24 de mayo la performance "Consagración de agua y arena", para un selecto grupo de maestros y científicos de los llamados Divulgadores de la Ciencia DDD.

Como se puede observar en las imágenes que aquí comparto (y que fueron realizadas por Pedro García Chain), el viento soplaba con fuerza y la tarde era desapacible, pero de alguna manera los viejos espíritus paganos invocados en una oración poética hicieron que en ese momento no sintiéramos frío.








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