miércoles, 16 de abril de 2008

Lo admito

He de confesar aquí,
desde el hueco que dejan las palabras sobre el tiempo vacío,
públicamente y a riesgo
de parecer
tremendamente cursi,
que vengo percibiendo en mis pulmones
en los últimos días
un vértigo infinitamente humano
que me llena de sed
y me parece
-siento vergüenza hasta de pronunciarlo-
me parece que incluso
podría ser amor.

Me he enamorado.
De la dureza de una piel sin nombre
oscura
surcada por los años de indefinida espera.
De sus yemas tendidas hacia mí
aunque no me comprende ni me sabe.
De un silencio que guarda el rumor de mil vidas invisibles.

Estoy loca de amor por la impudicia
con que muestra a mi paso sus encantos
sin reparar
en si voy o si vengo ,
si estoy acompañada o cruzo sola
delante de su espléndida figura de ambigüedad certera.

Debo de confesar,
debo decirlo,
que me hiere los ojos la hermosura
de las flores que adornan su desnudo.

He de admitir,
lo admito,
que estoy enamorada de ese árbol.



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