jueves, 14 de noviembre de 2013

Cernudiana

De izd. a dcha. y de atrás hacia delante: José Cereijo,
Gracia Iglesias, Alma Pagés, Miguel Losada,
Pepa Nieto, Fermín Higuera, Juana Vázquez y un chico
desconocido que se coló en la foto.
Empiezo por decir que el título de este post es robado: robado del nombre con el que el poeta Jesús del Real identificó las fotos que me ha mandado hace poco por mail, las que hizo durante el pasado fin de semana en el que ambos coincidimos en Sevilla con motivo de un homenaje a Luis Cernuda y que, en su mayoría, son las que ilustran esta pequeña crónica.

Y es que el pasado 5 de noviembre se cumplieron 50 años de la muerte del autor de “Los placeres prohibidos” y, para conmemorar esa efemérides, una expedición compuesta por decenas de poetas de muy diversas procedencias, capitaneada por María Jesús Fuentes y Miguel Losada, desembarcó en la ciudad del Guadalquivir con el fin de llevar a cabo dos actos: uno en el Ateneo de Sevilla, en el que se leyeron composiciones inéditas de los asistentes dedicadas a Cernuda junto a versos del propio poeta; y un recorrido por las calles sevillanas más emblemáticas de su historia, desde la casa en el callejón del Agua en la que vivió y a cuyo gran magnolio dedicó un precioso texto en “Ocnos”, hasta su casa natal en la calle del Aire, hoy tristemente en ruinas. En cada parada de esta singular peregrinación se leyó, se recitó y se rememoró la difícil relación de amor-odio-añoranza que mantuvo el escritor hasta el final de su vida con la ciudad de la que salió en 1938 para ir a vivir a Reino Unido y a la que ya nunca volvió tras su exilio definitivo en América en 1947.


Un momento del acto en el Ateneo
Pero aunque los actos fueron muy emotivos, lo mejor del viaje para mí fue que me permitió reencontrarme con amigas y amigos muy queridos en una ciudad que amo y a la que siento que pertenezco de algún modo, aun sin haber nacido o vivido en ella. Y por si eso fuera poco, tuve la ocasión de conocer a otras personas estupendas con las que desde ahora estoy segura de que seguiré manteniendo un contacto basado en nuestro común amor por la literatura y las artes en general. 

Así que, si como escritora antes tenía una deuda de gratitud con Cernuda por la obra que dejó tras de sí, hoy, como persona corriente, le agradezco que haya sido la excusa perfecta para un viaje maravilloso.


Algunos de los poetas en el Callejón del Agua, frente a la placa
que recuerda el magnolio al que Cernuda dedicó un Poema

Jesús del Real leyendo un poema en el callejón del Agua, frente
a la casa en la que vivió el poeta

Una de las placas conmemorativas que pueden encontrarse
en la ciudad

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