martes, 1 de octubre de 2013

El mago del cine que dejó tuerta a la luna

No hay nada que me guste más que asistir a un acontecimiento artístico, ya sea leer un libro, ver una película o una obra de teatro, escuchar un concierto o visitar una exposición y, antes incluso de terminar, sentir la imperiosa necesidad de compartir la experiencia con todas las personas a las que quiero que sé que disfrutarían tanto como yo y estar ya deseando repetir. Eso, exactamente, es lo que me ha pasado hoy mientras saboreaba con dos amigas la magnífica exposición “Georges Méliès. La magia del cine” que actualmente puede verse en Caixa Forum Madrid, un estupendo montaje construido a partir de objetos animados e inanimados, dibujos, fotografías, piezas de vestuario original, algún que otro manuscrito y proyecciones de películas completas o fragmentos de la filmografía de Méliès, así como de otras imágenes animadas que podríamos considerar algo así como piezas de arqueología de la historia del cine, pertenecientes a la a la Cinémathèque Française que, según el folleto de la exposición, dispone de la colección más importante a escala mundial de películas y objetos del director que dejó tuerta a la luna.

Para comprender la obra y el verdadero talento del genial prestidigitador de la imagen en movimiento, que realizó más de 500 películas entre 1888 y 1923 (y que a buen seguro habría seguido trabajando hasta su muerte de no haberse cruzado en su camino la Segunda Guerra Mundial haciendo añicos su fábrica de ficciones y maravillas) la exposición hunde sus raíces en los orígenes mismos del cine: las sombras animadas, la linterna mágica, la fantasmagoría y la cronofotografía, así como en el ilusionismo, la magia y la fantasía, que fueron los tres condimentos fundamentales con los que Méliès aderezó la fórmula de los sueños.

La exposición nos descubre al Méliès dibujante, ilusionista, escenógrafo, coreógrafo, actor, al geógrafo de la imaginación que siguió los mapas de Julio Verne para hacernos viajar a través de lo imposible y llegar hasta la luna en unos cuantos fotogramas, al apasionado hombre capaz de construir un estudio de cine de cristal, para poder aprovechar cada minuto de luz natural del día. Ese polifacético creador cuya genialidad, simplificada hasta reducirla a un solo fotograma que pasó a la historia del cine con tal brillo que eclipsó a su autor, era prácticamente desconocida para muchas personas –entre las que me incluyo– hasta que Martin Scorsese decidió rendirle homenaje en 2011 con su película Hugo cobra volumen y consistencia real a través de los objetos que cuentan su historia en esta exposición. Aunque podría parecerlo, no se trata de un personaje de ficción, sino de alguien real cuyo ingenio fue incluso más desbordante de lo que dejaba adivinar el retrato pintado por Scorsese.



Es evidente que la muestra me ha gustado. La recomiendo encarecidamente con la recomendación de ir a disfrutarla con tiempo suficiente, por dos razones: la primera porque sólo yendo despacio se pueden saborear las proyecciones y accionar los praxinoscopios, estroboscopios y linternas mágicas; la segunda porque ahora para entrar en Caixa Forum hay que pagar entrada de modo que quizá alguno le dé pereza visitar la exposición dos veces abonando sus correspondientes tiques (aunque merece la pena).

Respecto a la no gratuidad de esta sala de exposiciones, podría escribir aquí otro post completo, pero se me hace tarde. Tan sólo diré que nunca he estado en contra de que la cultura se pague, antes al contrario, considero necesario que la gente valore los hechos culturales y, por desgracia, tengo sobrada experiencia para afirmar que cuando no se paga no se aprecia suficiente el valor de las producciones culturales. Sin embargo, sí me choca la forma drástica e inopinada en que se ha impuesto la medida, así como que no haya bonificaciones para personas desempleadas o pensionistas (las que más tiempo tienen para ver exposiciones y, por desgracia, también las que cuentan con menos recursos para ello). Dicho esto, por supuesto, tal y como están las cosas, prefiero que me cobren una entrada a que cierren las puertas de Caixa Forum y abandonen el fabuloso edificio del jardín vertical, dejándonos huérfanos de las excelentes exposiciones y la oferta cultural que hasta ahora viene ofreciendo este espacio.

De paso lanzo un aviso a navegantes: disfrutad de La Casa Encendida y de otros espacios culturales dependientes de la obra social de las cajas de ahorros españolas que, tal y como está el patio, parecen abocados a desaparecer o a replantearse su política de actividades gratuitas o a bajo coste. 
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