lunes, 11 de abril de 2011

Juana Castro recibe el Premio de la Crítica de poesía por "Cartas de enero".

Juana Castro, poeta, Córdoba, Premio de la Crítica, Cartas de eneroDesde el momento en que la poeta JUANA CASTRO, a la que admiro como escritora y como maestra, aceptó escribir un prólogo para mi libro "Gritos verticales", tuve la sensación de que acababa de hacerme un gran regalo. Un regalo que cobró dimensiones de agasajo cuando, con enorme generosidad, desbordó su verbo y su sabiduría dando la bienvenida a mi modesta obra en ese texto liminar que, por sí mismo, tiene mucho más valor literario del que puede llegar a tener la opera omnia de mucho escritor mediocre que, por su condición de hombre, pueda haber alcanzado un reconocimiento que a Juana aún le debe la historia de la literatura. No digamos pues, el valor que alcanza su poesía, brillante y sonora, pero a la vez cargada de experiencia. No hay en ella fuegos artificiales, sino profundidad y una voz personal que se adentra en la lucha, en la existencia y nos dice "aquí estoy", soy Juana "la colmada de gracia" / (y tambien de locura), en el hebreo.

Precisamente por eso, porque las letras españolas aún le deben mucho, hoy me alegra sobremanera la noticia de que acaban de darle el Premio de la Crítica por su libro "Cartas de enero". Ojalá este sea el principio del reconocimiento que merece.


El premio, como escribe El País, <Cosmopoética, en Córdoba, en el que participa. "Desde Góngora y el grupo Cántico, todo viene seguido. Posiblemente a los cordobeses nos viene la poesía con la luz y con el agua. Yo con la poesía, intento desentrañar el mundo, lo que no me encaja, lo que me interpela de alguna manera. No captar la belleza, sino el conflicto">>, afirma ella en ese mismo artículo. Del conflicto hablaba, precisamente, en el


¡ENHORABUENA, JUANA!


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Aquí reproduzco dos poemas suyos que están entre mis favoritos (sobre todo el segundo).
DISYUNTIVA

La tentación se llama amor
o chocolate.
Es mala la adicción.
Sin paliativos.
Si algún médico, demonio o alquimista
supiera de mi mal
cosa sería
de andar toda la vida por curarme.
Pues tan sólo una droga,
con su cárcel
del olvido me salva de la otra.

Y así, una vez más, es el conflicto:
O me come el amor,
o me muero esta noche de bombones.

(Poema de La Bambola)

TODA LA PIEL DEL MUNDO

Tú los ves ahí colgados, tirados, y dices,
vaya cosa, son cosa de mujeres, tonterías,
lo llevan para meter el pintalabios,
el móvil, quizás una compresa. Y te olvidas.

Pero ellas no olvidan, lo llevan como a un gato,
como al fiel compañero, como su santo y seña,
como su claro ex-libris.

Te equivocas si crees, en tu inocencia,
que esa cosa de rafia o de piel beige
sirve para tener a mano el colorete, las llaves, el perfume.

Yo la he visto de noche,
esa cosa respira, es una megalópolis,
no está quieta por dentro, es multiforme y crece.
A la hora del pan huele a cerveza,
y cuando está nublado
te puedes encontrar con que ahí dentro
hay una hija, un sol, unas tijeras
de robar rosas rojas.

Ahí, a tres de julio, he visto amanecer los pájaros cantando
y había un abanico para un novio
y una estrella de miel para la madre.
En el rincón azul, las gafas de coser,
las recetas del padre a la fecha de hoy,
la muestra de la tela -preciosa- que le dio el tapicero.
Al fondo la novela, la última, de Doris Lessing
y el bono de 10 horas del gimnasio.

Por ahí pasa un río,
pasa el día, la música, la niebla...

Esa cosa. Mi bolso.

Que va a dar al mar.

(Poema de Cartas de Enero, libro inédito, incluido en su compilación Heredad, y por el cual acaba de recibir el Premio de la Crítica.)

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