sábado, 19 de febrero de 2011

Primera ardilla

Ayer, cruzado el ecuador de este mes de febrero caprichoso, vi el cadáver de la primera ardilla.

Son las ardillas muertas y no las golondrinas
las que anuncian que se acaba el invierno.
Son sus cuerpos castaños aplastados contra la carretera,
sus largas colas selladas al asfalto,
su amasijo de pelo y sangre seca y no las blancas barbas del almendro
los heraldos certeros del final de los fríos.
La primavera está en sus cuerpos rotos
y se extiende veloz por todo el mapa
con los restos de ardilla que ahora viajan pegados
a las ruedas de un coche.


Del libro Gritos verticales (Cangrejo Pistolero Ed., 2010)
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