jueves, 24 de julio de 2008

Versos noctámbulos

Verano. Incluso para quienes no tienen vacaciones en estas fechas, todo cambia cuando llega el estío; los ritmos se alteran y nada es como solía. Por eso, desde que la estación estival tomó posesión de la tierra en la que ella habita, la Domadora de Elefantes ha caído en una especie de sopor que tiene a su manada desconcertada. Ha pasado más de un mes desde su última aparición sobre el escenario de este vals inconcluso, lo que me lleva a darle un tirón de orejas y –aunque tarde quizá–, a ocupar su lugar para vestir de letras este circo de paquidermos bailarines. ¡Hay tantas cosas que contar para poner todo al día! Empezaré por lo más cercano, pues es mejor comer el pan de hoy antes de que se convierta en el duro mendrugo de ayer, y para recuperar las migas del pasado siempre hay tiempo. Es hora ya de lavarles la cara a los elefantes perezosos.


La tranquilidad nocturna de Guadalajara se llenó ayer de poesía con la segunda edición del recital Versos a Medianoche, organizado por el Patronato de Cultura del Ayuntamiento arriacense. Casi una quincena de poetas de todo pelaje y condición se dieron cita en la recoleta plaza del Carmen de la capital alcarreña y, como no podía ser de otra manera, la Domadora de Elefantes acudió al evento. Aunque, eso sí, debido al aletargamiento del que es presa en la actualidad, tuve que llevarla escondida en un gran bolso del que también salieron tres campanas para despertar a un ángel, uno de sus elefantes y una noche blanca en la que la voz anudó, poema a poema, toda una historia de amor.

No faltó en el acto el imprescindible surtido de autoridades encabezado por el alcalde de Guadalajara, Antonio Román, y la concejala de Cultura, Isabel Nogueroles, quienes, antes de que diera comienzo el recitado, presentaron el libro colectivo “Versos a Medianoche” en el que se recogen los poemas que compusieron el acto homónimo que tuvo lugar hace un año en el mismo escenario.

Para mi sorpresa, en contra de lo que suelen ser este tipo de publicaciones monstruosas que siempre me recuerdan al engendro de Frankenstein o a un collage mal acabado, el libro se muestra sobrio y bien estructurado en cuanto a maquetación y diseño, y en lo que respecta al contenido, salvo tristes y empobrecedoras excepciones, el nivel literario es razonable aunque dista mucho de la excelencia. En fin, una línea más para el currículum y otra ventanita a través de la que descubrir algún que otro elefante hermoso. Me pregunto si de entre todas las personas que recibirán el volumen de forma gratuita –es, por supuesto, una publicación no venal– habrá alguna persona que se tome la molestia de leerlo. Quiero decir, más allá de los propios poetas en él reflejados, que lo primero que hicimos fue mirarnos el ombligo para escrutar bien la posible existencia de errores o faltas bajo nuestra firma y que, una vez comprobado el buen estado de salud de nuestro trozo de criatura, ojeamos el resto del volumen deteniendo los ojos en uno u otro vecino de palabras, para después dejar que duerma el sueño de los justos, perdido entre otras piezas olvidadas de nuestra biblioteca.
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